Y ahora, ¿quién repartirá los bolsones para Cristina? La pregunta surge de escuchar a dirigentes peronistas como consecuencia de los resultados adversos al kirchnerismo en Santa Fe y en la Ciudad de Buenos Aires. Es que los triunfos del socialismo santafesino y del macrismo porteño han mostrado que no se canta victoria antes del partido; pero más que eso; han puesto en evidencia que al cristinismo se le puede ganar. Lo festejaron los opositores estimando que esos comicios obligan al electorado a mirar al resto de la oferta anti "k" -entienden que algo pueden arañar-, pero también lo celebraron en soledad algunos oficialistas; como el bonaerense Daniel Scioli y hasta el propio gobernador, José Alperovich. De Scioli puede entenderse su satisfacción, ya que por las circunstancias electorales actuales pasó de ser denostado por el matrimonio patagónico a convertirse en el "salvador" de la Presidenta. Es que Buenos Aires también tiene internas abiertas el 14, y allí hay listas colectoras que sumarán para Cristina. Así, cuanto más votos para el ex motonauta, mejor para la jefa de Estado. Una venganza que Scioli debe saborear íntimamente, la de pasar de ninguneado a necesitado aliado estratégico.
Ahora bien, ¿porqué debería celebrar Alperovich los resultados adversos a los "K" de los últimos domingos? Por dos razones: 1)- porque tiene una nueva excusa para justificarse ante la Nación por la posible escasa adhesión a Cristina en Tucumán, aduciendo que mutó el clima favorable al kirchnerismo. La pensada excusa "Presidenta, me traicionaron" -porque sus subordinados no van a trabajar tanto para el 14, como sí lo harán para los comicios provinciales del 28, donde se juegan su futuro-, quedaría superada por la nueva realidad: ya no inquietaría tanto que los acoplados no trabajen por la mandataria nacional, porque el nuevo argumento es mejor para explicar una eventual merma de sufragios en favor de la fórmula "K" en la provincia. Los triunfos de Antonio Bonfatti (Santa Fe) y de Mauricio Macri (Capital Federal) le vinieron de perillas a Alperovich; se convirtieron en un paraguas oportuno para no tener que presionar tanto a la dirigencia territorial para que se esfuerce (que gaste dinero) por la Presidenta. Es una conveniencia mutua entre referentes peronistas y el titular del Ejecutivo, ambos lados tienen hoy el mejor argumento posible para justificarse ante una pobre elección primaria en favor de la mandataria: pesó la debacle nacional del kirchnerismo en el ánimo del votante, y contra eso no se puede. 2)- porque la lealtad que le demostró al Gobierno nacional lo obliga a ser sutil a la hora de enviar un mensaje al resto de los candidatos presidenciales. El tucumano no puede tener una posición similar a la de su par salteño, Juan Manuel Urtubey, que fue claro en los comicios: no tuvo miedo de diferenciarse del Gobierno nacional. Todos los presidenciables saben que Urtubey no comulga del todo con el kirchnerismo, por lo tanto, tiene las puertas abiertas para un diálogo con peronistas disidentes o con radicales. Alperovich no puede ser tan explícito en la diferenciación, pero sí puede enviar un mensaje electoral: un respaldo no tan contundente, como de 200.000 votos, como había sugerido alguna vez.
Scioli y Alperovich, por diferentes razones, pueden esbozar una sonrisa por el terreno que ha perdido el cristinismo a nivel nacional, cuya euforia mermó. Además, Alperovich no convirtió la interna abierta -una experiencia inédita, extraña para la mayoría de los votantes- en un plebiscito de su gestión. Con habilidad, o por casualidad, no necesita del resultado de estos comicios para respaldar su gestión; siempre dijo que había que apoyar a la Presidenta, no ratificar su gestión. Ergo: que no extrañe que Cristina no obtenga muchos votos el 14 en Tucumán. El fracaso ya tiene otra excusa.